miércoles, 20 de mayo de 2020
Fue un partidazo, no hay que prejuzgar
Monte Azul 1 vs 1 Islander Port
Antes de llegar a la cancha uno va analizando lo que le puede tocar ver, sobre todo cuando se llevan años recorriendo estadios de distintas categorías. Éste partido en los papeles daba aburrimiento, y lo mejor era llevarse un libro para leer esperando el resultado final, anotar los goles (si los hubiera) y dibujar una crónica. Jugaron el último y uno de los de mitad de tabla y ese era el presagio del cronista.
Por suerte el partido, a pesar de su escueto resultado fue una exhibición de buen fútbol como hace rato no se ve en esta Liga. Los dos fueron a buscar el arco rival desde el arranque no más. Y fue el local el que tuvo la primera situación, a penas pasados los 5 minutos de juego. El pelilargo Daniel Bischoff se cortó por derecha y enfrentó al portero Tabaré Mendoza rematando fuerte y cruzado, la redonda beso el palo y salió. Pronto la respuesta visitante por intermedio de su centro delantero Oscar Vargas rematando frente al arco exigiendo al máximo a Luis Alberto Peck, quien con la punta de los dedos sacó la pelota al corner. Este ir y venir no cesó un instante, jugadas de gran nivel de ambas partes. A los 15 minutos llegó el primer grito de gol de la tarde y fue para la visita. Jugada por izquierda entre Guillermo Wensell y Vargas que éste último se encargó de definir esta vez dejando sin asunto al portero local. La cosa no quedó ahí, los “bichos” siguieron luchando el partido sin tregua. Y esa entrega tuvo su premio en el minuto 45 de la primera mitad cuando Ezequiel Giannieri recibió el balón luego de un tiro libre indirecto ejecutado por Arturo Ponce, el 8 encaró en el área dejo en el camino a Jonathan Sarto, el primer central d los “ingleses” y ante la salida de golero visitante, clavó la bola en el ángulo inferior de izquierdo y salió a gritarlo a los vientos.
En la segunda mitad hubo cambios, más que tácticos fueron por cansancio de los protagonistas. En el local ingresaron Aldo Escobar y Nicasio Benítez por Marcelo Haedo y Santiago Jaramillo, mientras que en la visita, Benito Ríos y Juan Ignacio Andrade sustituyeron a José Dabrowski y Guillermo Wensell. Pero las características del juego no cambiaron nada. El medio campo era solo un lugar de paso veloz en busca de la jugada que terminara en gol. Y justamente eso fue lo que le faltó a esta segunda mitad, el gol. Hubo muchas situaciones para los dos equipos, pero todas terminaron en intentos infructuosos. Peck y Mendoza se convertían en héroes tapando todo lo que llegaba. La más clara fue a los 42 minutos cuando una escapada por izquierda de Arturo Ponce de Monte Azul, eludiendo rivales a la carrera, entró al área y remató de zurda estrellando el esférico en el poste. Así terminó este PARTIDAZO, si así con mayúsculas.
Por eso empecé esta crónica contando como llegaba al Mateo Ramón Bischoff, y como todos los días se aprende algo nuevo, este fin de semana aprendí a no prejuzgar ni siquiera un partido de fútbol.
Síntesis:
Monte Azul: Luís Alberto Peck; Marcelo Haedo (ST inicio Aldo Escobar), Mateo Mónera, Iván Carrizo y Eduardo Pafundi; Ezequel Giannieri, Ricardo Barros y Arturo Ponce; Daniel Bischoff, Santiago Jaramillo (ST inicio Nicasio Benítez) y Juan Ignacio Focas. DT: Juan Ignacio Torrente. Suplentes: Guido Benavidez, Sebastián Valdez, Alejandro Barrios, Juan Cruz Molina y Joel Barrientos.
Islander Port: Tabaré Mendoza; Sebastián Valenti, Jonathan Sarto, Facundo Igano y Emiliano de La Canal; José Dabroski (ST inicio Benito Ríos), Axel Spengel y Mateo Grierson; Nicolás Zaccariello, Oscar Vargas y Guillermo Wensell (ST inicio Juan Ignacio Andrade). DT: Federico Porcello. Suplentes: Josué Díaz, Dylan Vega, Federico Williams, Adrián Ilianov y Alejo Schell.
Goles: PT: 15’ O. Vargas (IP). 45’ E. Giannieri (MA). Amonestados: Marcelo Haedo (MA). Axel Spengel (IP). Expulsados: no hubo. Arbitro: Augusto Alcañiz. Asistentes: José Ramón Maisturrena y Cecilia Ramaciotti. Público: 740 espectadores.
“El Kabe”
"El Pato" sabía
Federación Agropecuaria 0 vs 0 Gral. González
Cuando Gorostiaga colocó el cuero a los 12 pasos del arco del “Araña” Weigand, muchos en el “Presidente Raúl Alfonsín” sabían que se iba a hacer justicia. Primero porque si hay un Dios, ese tiro no podía terminar adentro del arco, por lo absurdo que cobró el localista Godovino. Y segundo, porque el 9 venía de errar y enfrente tenía a un verdadero atajador de penales. Inexplicable entonces que haya sido el encargado. Inexplicable también que en el forcejeo con “Pachorra” Godoy, en ese típico “la agarro yo, no yo”, se la haya quedado sin que ninguno de los otros compañeros interviniera. Es verdad que el Diego pateó en Boca algunos consecutivos y los erró hasta sacarse la mufa. Pero es el Diego….
Ese penal pudo haber sido el de la victoria para Federación Agropecuaria, era el tanto que rompía el 0, pero no. Pesó la lógica y el tiro de la justicia que esta vez, como pocas veces, fue justa en serio. A todo esto, créanme que tanto el “Naranja” como su contrincante General González le hicieron verdadero honor al lugar en el fondo que ocupan en la Segunda. Un espanto, un real bodrio. Tan feo que hasta el “Pato”, que es de esos que espera toda la semana, que hasta cuenta las horas mientras mete las manos en las quintas que produce para ver al “Agro”, se fue antes.
La crónica dirá que el partido fue peleado, que intentó ser por momentos de ida y vuelta pero que terminó siendo de hacha y tiza, de más vuelta que ida diría. Lejos de los arcos si queremos caer en la fácil. Un dolor de ojos si queremos otra obviedad. De tres cuartos a tres cuartos si seguimos con lo cursi.
Lo que se vio son solo algunas escaladas de los laterales Azcona y Farías que buscaban romper por afuera en el local, y algunas individualidades del “Toro” Acuña, el mejor de ellos según el “Pato” antes del pitazo inicial, y mucho antes de pensar siquiera que se iba a retirar del Alfonsín, su casa, por lo malo que estaba viendo. Y porque Gorostiaga no debió haber pateado. Esa fue la gota que rebasó el vaso cree el “Sumpi” que estuvo con él desde temprano mateando detrás del alambrado.
Porque el “Pato” sabía, sabía más que otros que Gorostiaga no estaba para patear. Porque enfrente estaba el gran atajador de la divisional y porque la justicia se iba a encargar de hacer la ídem. Lo sabía tanto como que Godovino, localista hasta la médula, les iba a dar un penal inexistente sobre la hora. Porque se había encargado el “Pato” y se lo había dicho a todos en el laburo, en el bar del club, en el almacén, en el kiosco mientras compraba los últimos fasos antes del desabastecimiento, que Godovino es hincha del Agro, que “me lo dijo el ‘Chuleta’ porque el ‘Chuleta’ lo vio corriendo con la naranja puesta allá lejos más de una vez”. Pero ojo al piojo, Godovino será localista y caficio, pero se entrena como ninguno. Y jamás recibió algo a cambio, eso también lo asegura el “Pato” que se lo dijo el cuñado del primo del amigo del hermano del “Momia”.
El “Pato” se fue caliente, porque sabía que la justicia iba a ser justa y que enfrente estaba el mejor arquero de la divisional y bla bla bla. Lo sabía, por eso se fue. Y cuando se iba a pata por la avenida se lo dijo hasta a doña Clotilde que salió a comprar las facturas aprovechando los últimos rayitos de la soleada tarde dominguera. De más está decir que la abuela lo miró sin entender y solo atinó a responderle: “Pato, es un partido nomás, desde chiquito te escucho renegar por el fútbol y por ese equipo”. Y el “Pato”, que la quería mucho a la Clotilde porque creo que también lo cuidó en algún verano cuando era un pequeño travieso, pero no se acuerda del todo bien y si fue, fue cuando sus papás trabajaban duro para aprovechar lo que la tierra da con el calor y los días más lagos, solo atinó a mirarla, sonreírle y decir para adentro “No lo entenderías Clotilde, pero Gorostiaga nunca debió haber pateado ese penal”.
Luciano C. Badíe
San Isidro hecho boleta
San Isidro 3 vs 4 Boleteros
Este
partido se veía interesante porque de ganar, Boleteros se podía poner en
carrera por el campeonato, mientras que San Isidro necesitaba los puntos para
salir del fondo.
Un día hermoso para jugar, los locales llenaron sus tribunas y 200 visitantes llegaron desde Cohieyolán, mucho color por parte de ambos, una fiesta para ver este partido.
Los locales alentaron desde el inicio porque si pierden, el descenso está ahí no más, mientras que la posibilidad de los Paisanos para estar más cerca de la punta, los motivó para volver a ir ver a Boleteros fuera de casa, confiados porque no pasó nada extraño como en partidos anteriores.
El partido arrancó para San Isidro con toda, porque a los 3 minutos Iacobucci robó una pelota, se la pasó con calidad a Coronel, que definió con calidad ante la salida de Appentano. 1-0 y a puro festejo en la hinchada local.
Durante 10 minutos, Boleteros desesperado solamente tiraban bochazos a Baldera sin riesgos porque entre Massise, Jeantet y Merlo rechazaban todo, hasta que en uno de esos rechazos, cayó en los pies de Abad, que con un toque por arriba, se la pasó dio a Coronel que de palomita frente al arco puso el 2-0. La hinchada estaba como loca y cantaba “¡Soy del Verde! ¡Soy del Verde! ¡Soy del Verde, yo soy!”
Los paisanos ya estaban en silencio y solamente pedían que no sea demasiado grande el baile. Los jugadores de San Isidro estaban sin respuestas, que fue peor cuando Anchorena le hizo penal a Zarragui pero lo pateó él mismo, que se lo atajó Brennan. Encima, de ese contraataque, pelotazo cruzado de 50 metros de Massise para Coronel, que desde afuera del área le pegó de volea al ángulo derecho de Appentano, que solamente atinó a mirar.
30 minutos del Primer Tiempo 3-0, la ilusión de alejarse del descenso está más cerca.
Sobre el final del Primer Tiempo, córner para Boleteros, la pelota pasó entre varios y le rebotó a González en el muslo, poniendo el partido 3-1, Terminó el Primer Tiempo, los del Verde sabiendo que no corrían peligro de nada y los Paisanos ya contemplaban la idea de irse para no ver cómo le llenaban la canasta.
Para el ST, Cassone metió mano en Boleteros e hizo cambios: Esmerado x Akura y Sáenz x Nielsen, cambios totalmente ofensivos para ver si podían hacer algún gol más y no quedar tan ridículos.
El Segundo Tiempo arrancó como el Primer Tiempo, dominado por San Isidro, manejando la pelota para que Boleteros se canse. A los 10 minutos, San Isidro tuvo una chancha con un tiro libre hermoso de Abad, que Appentano voló y la sacó a media altura en su palo izquierdo. Vino el córner, Abad lo tiró olímpico y nuevamente Appetano la sacó con lo justo. Parecía que se venía una goleada histórica, aunque el 4-1 se hacía rogar. Y como se hizo rogar tanto, el gol llegó del otro lado, Boleteros salió jugando desde el arco por abajo, tocaron todos los defensores, luego para Esmerado que hizo una doble pared con De Luca y le dio le una asistencia magistral a Sánez, que solamente tuvo que tocarla para el 3-2 a los 12´.
¿Se viene el milagro? Los Paisanos se ilusionan con el empate y festejan, los locales están asombrados.
Para evitar el empate, Laas hizo cambios defensivos: Rosas x Paz y Páez por Nefrune. Y dieron resultado, la pelota no pasaba más allá del mediocampo de San Isidro y era todo rechazar para adelante los ataques de Boleteros. Hasta que Esmerado agarró la pelota por el círculo, tocó para la izquierda para Sáenz, que corrió por el lateral hasta la altura del área, tiró el centro para Baldera, que con un cabezazo de pique al suelo puso el 3-3 a los 25´, el milagro fue posible. Los locales ya no podían más con la desazón, el técnico de San Isidro no tenía palabras y sus jugadores estaban paralizados, no había forma de hacerlos reaccionar y solamente seguían rechazando pelotas. Cassone, viendo esto, supo que era posible darlo vuelta y siguió mandando al ataque a Boleteros.
Entre tantos rechazos de San Isidro, hubo uno que casi termina en gol porque desde media cancha salió para Coronel, que la paró de pecho en el área grande, le pegó de media vuelta pero ahí estuvo el pecho de Appentano para evitar el 4-3.
El técnico local decidido a bancar el empate, sacó a Abad para poner a Ledesma, a cuidar como sea el punto.
Boleteros seguía atacando hasta que a 5 minutos del final fue expulsado Ledesma por irle con una plancha al pecho a De Luca. Tiro libre indirecto afuera del área del 10 de Boleteros que Baldera solamente tuvo que poner la cabeza para el 4-3 ¡increíble remontada! No podían creer lo que estaban logrando, la hinchada visitante explotaba y los locales en silencio. El clásico ambiente que se siente cuando el descenso está tocando la puerta.
Terminó el partido, no hubo silbidos ni puteadas de San Isidro, se fueron cabizbajos en silencio.
Boleteros volvió a Cohieyolán celebrando como un campeonato por la ruta.
Formaciones
San Isidro: Brennan, González, Massise, Jeantet, Merlo, Anchorena; Iacobucci, Abad, Paz, Nefrune y Coronel.
Cambios: Rosas x Paz, Páez por Nefrune y Ledesma por Abad.
Boleteros: Appentano, Ochoa, Salazar, Akura, Quintana; Domínguez, Zarragui, Squerra, De Luca; Baldera y Nielsen.
Cambios: Esmerado x Akura y Sáenz x Nielsen
Rojas: Ledesma (San Isidro)
Goles para San Isidro, Coronel (3). Para Boleteros, González (en contra), Sáenz y Baldera (2).
Cazador
Un día hermoso para jugar, los locales llenaron sus tribunas y 200 visitantes llegaron desde Cohieyolán, mucho color por parte de ambos, una fiesta para ver este partido.
Los locales alentaron desde el inicio porque si pierden, el descenso está ahí no más, mientras que la posibilidad de los Paisanos para estar más cerca de la punta, los motivó para volver a ir ver a Boleteros fuera de casa, confiados porque no pasó nada extraño como en partidos anteriores.
El partido arrancó para San Isidro con toda, porque a los 3 minutos Iacobucci robó una pelota, se la pasó con calidad a Coronel, que definió con calidad ante la salida de Appentano. 1-0 y a puro festejo en la hinchada local.
Durante 10 minutos, Boleteros desesperado solamente tiraban bochazos a Baldera sin riesgos porque entre Massise, Jeantet y Merlo rechazaban todo, hasta que en uno de esos rechazos, cayó en los pies de Abad, que con un toque por arriba, se la pasó dio a Coronel que de palomita frente al arco puso el 2-0. La hinchada estaba como loca y cantaba “¡Soy del Verde! ¡Soy del Verde! ¡Soy del Verde, yo soy!”
Los paisanos ya estaban en silencio y solamente pedían que no sea demasiado grande el baile. Los jugadores de San Isidro estaban sin respuestas, que fue peor cuando Anchorena le hizo penal a Zarragui pero lo pateó él mismo, que se lo atajó Brennan. Encima, de ese contraataque, pelotazo cruzado de 50 metros de Massise para Coronel, que desde afuera del área le pegó de volea al ángulo derecho de Appentano, que solamente atinó a mirar.
30 minutos del Primer Tiempo 3-0, la ilusión de alejarse del descenso está más cerca.
Sobre el final del Primer Tiempo, córner para Boleteros, la pelota pasó entre varios y le rebotó a González en el muslo, poniendo el partido 3-1, Terminó el Primer Tiempo, los del Verde sabiendo que no corrían peligro de nada y los Paisanos ya contemplaban la idea de irse para no ver cómo le llenaban la canasta.
Para el ST, Cassone metió mano en Boleteros e hizo cambios: Esmerado x Akura y Sáenz x Nielsen, cambios totalmente ofensivos para ver si podían hacer algún gol más y no quedar tan ridículos.
El Segundo Tiempo arrancó como el Primer Tiempo, dominado por San Isidro, manejando la pelota para que Boleteros se canse. A los 10 minutos, San Isidro tuvo una chancha con un tiro libre hermoso de Abad, que Appentano voló y la sacó a media altura en su palo izquierdo. Vino el córner, Abad lo tiró olímpico y nuevamente Appetano la sacó con lo justo. Parecía que se venía una goleada histórica, aunque el 4-1 se hacía rogar. Y como se hizo rogar tanto, el gol llegó del otro lado, Boleteros salió jugando desde el arco por abajo, tocaron todos los defensores, luego para Esmerado que hizo una doble pared con De Luca y le dio le una asistencia magistral a Sánez, que solamente tuvo que tocarla para el 3-2 a los 12´.
¿Se viene el milagro? Los Paisanos se ilusionan con el empate y festejan, los locales están asombrados.
Para evitar el empate, Laas hizo cambios defensivos: Rosas x Paz y Páez por Nefrune. Y dieron resultado, la pelota no pasaba más allá del mediocampo de San Isidro y era todo rechazar para adelante los ataques de Boleteros. Hasta que Esmerado agarró la pelota por el círculo, tocó para la izquierda para Sáenz, que corrió por el lateral hasta la altura del área, tiró el centro para Baldera, que con un cabezazo de pique al suelo puso el 3-3 a los 25´, el milagro fue posible. Los locales ya no podían más con la desazón, el técnico de San Isidro no tenía palabras y sus jugadores estaban paralizados, no había forma de hacerlos reaccionar y solamente seguían rechazando pelotas. Cassone, viendo esto, supo que era posible darlo vuelta y siguió mandando al ataque a Boleteros.
Entre tantos rechazos de San Isidro, hubo uno que casi termina en gol porque desde media cancha salió para Coronel, que la paró de pecho en el área grande, le pegó de media vuelta pero ahí estuvo el pecho de Appentano para evitar el 4-3.
El técnico local decidido a bancar el empate, sacó a Abad para poner a Ledesma, a cuidar como sea el punto.
Boleteros seguía atacando hasta que a 5 minutos del final fue expulsado Ledesma por irle con una plancha al pecho a De Luca. Tiro libre indirecto afuera del área del 10 de Boleteros que Baldera solamente tuvo que poner la cabeza para el 4-3 ¡increíble remontada! No podían creer lo que estaban logrando, la hinchada visitante explotaba y los locales en silencio. El clásico ambiente que se siente cuando el descenso está tocando la puerta.
Terminó el partido, no hubo silbidos ni puteadas de San Isidro, se fueron cabizbajos en silencio.
Boleteros volvió a Cohieyolán celebrando como un campeonato por la ruta.
Formaciones
San Isidro: Brennan, González, Massise, Jeantet, Merlo, Anchorena; Iacobucci, Abad, Paz, Nefrune y Coronel.
Cambios: Rosas x Paz, Páez por Nefrune y Ledesma por Abad.
Boleteros: Appentano, Ochoa, Salazar, Akura, Quintana; Domínguez, Zarragui, Squerra, De Luca; Baldera y Nielsen.
Cambios: Esmerado x Akura y Sáenz x Nielsen
Rojas: Ledesma (San Isidro)
Goles para San Isidro, Coronel (3). Para Boleteros, González (en contra), Sáenz y Baldera (2).
Cazador
Luminoso
Ciclista Platense 2 vs 3 Cantegriles
Por Juan Gabriel Paz, para Goleada informativa
Cuando se descompuso el séptimo de sus jugadores, el DT Julián Weistern supo que estaba ante una tarde distinta, compleja y especial. Algo de lo que habían comido en el almuerzo grupal de todos los domingos estaba en mal estado.
-¿Y ahora qué hacemos? – le consultó a su ayudante, Nicolás Garmendia, mientras miraba la pared del vestuario visitante.
-Puedo ir a buscar a algunos de los pibes de la reserva, para completar el banco.
Nico se subió a su Renault blanco y comenzó la recorrida por las casas de los chicos de reserva que no habían entrado en el partido de la mañana. Bastó una sola visita para enterarse de que se habían ido todos a pescar, o eso al menos le habían dicho a la señora que lo atendió. Salió lento y caviloso rumbo a la casa de Irazusta, que se estaba recuperando de una lesión pero por lo menos podía hacer bulto en el banco.
En el trayecto, pasó por la casa de Tony. Su viejo amigo Tony lo saludó sonriente, sentado en el escalón de la puerta, mientras fumaba un puchito. Inmediatamente Nico recordó que Tony estaba inscripto en la lista de la reserva. Como todos los años, él se encargaba de pasar a buscarlo en febrero para comenzar la pretemporada, lo anotaba, le hacía pagar la cuota y lo animaba a entrenar, pero el vago practicaba una semana y luego imaginaba alguna disparatada excusa para dejar, con la promesa de retomar al año siguiente.
Tony y Nico habían crecido futbolísticamente juntos, eran la dupla goleadora de las inferiores de Ciclone. Incluso jugaron una temporada en Primera, con bastante éxito. Tony pintaba para crack, y todos se sorprendieron cuando, en lugar de volver a viajar a Lanús para instalarse en la pensión del club, tuvo que ir con su mamá a realizarse una serie de estudios médicos. Esa extraña enfermedad mental le cortó la carrera. Le cortó todo. Ya lo veían raro desde hacía un tiempito, pero todos creyeron que eran pavadas de un pibe simpático. Así, fue cambiando la redonda por puchos y música, tirado en la cama o sentado en la vereda, mirando a los vecinos, en las tardes soleadas como la de este domingo.
-Me tenés que dar una mano, Tony.
-¿Cuándo?
-Ahora.
-¡Nooo!
-Dale, ponete los botines.
-Están rotos…
-No importa, te prestamos. Agarrá el carné.
Saludó a doña Estela y salieron rápidamente. La vieja cerró la puerta, dio dos pasos y se tomó la cara con las manos: “¡La pastilla!”.
El Martín Fitzgerald estaba repleto. Los simpatizantes de ambos equipos no habían dejado espacios vacíos en las gradas. El puntero quería consolidarse en la cima de la tabla y la visita buscaba acercarse a ella.
Los once sobrevivientes de la mayonesa de Cantegriles entraron en la cancha. Hacia el banco de suplentes se dirigieron lentamente los miembros del cuerpo técnico y el número 13, Antonio Bortolacci.
El primer tiempo fue parejo. La visita aguantó con lo que tenía. En el complemento, el albinegro mejoró la circulación de pelota con el ingreso de Basigalupe y llegó al gol con Desfra a los 50 y Maxi Di Nessio a los 56.
Nico bajó la cabeza y fue a sentarse en el banco, resignado. Ahí estaba Tony, muy inquieto.
-¿Qué hora es?
-¡Qué sé yo!...Cinco y diez…
-Uh, la pastilla…era a las cuatro…
Nico no le prestó atención y lo mandó a calentar, para que dejara de moverse en su asiento. Cinco llamadas perdidas morían en su teléfono apagado. Tony empezó a trotar y repentinamente, se detuvo.
-¿Qué pasa, Tony?
-Está la colorada…
Nico miró hacia todos lados y solo vio viejos conocidos.
A los 63, el arquero Ferrari despejó violentamente. La pelota subió cincuenta metros y cayó justamente donde estaba Tony. El 13 mató el pelotazo con el pecho y sin dejar que tocara el suelo, se puso a hacer jueguitos con el taco. Cuando el defensor local Vaudet quiso sacársela para hacer el lateral, le tiró un sombrero.
-¿Qué hacés, salame? ¿No ves que van perdiendo?
Weistern y Nico se miraron pasmados.
-Ponelo ya.
-Cambio, juez. 13 por 8.
Nico acompañó a Tony hasta el sector de sustituciones y cuando levantaron los carteles, le puso la mano en el hombro y le dijo que hiciera lo que sabía hacer.
-Me paro cerca de la colorada.
Nico le palmeó la espalda sin comprender, maldiciendo esa extraña enfermedad.
Antes de agarrar la primera pelota, vio unos pájaros negros con alas de fuego que bajaban desde la tribuna local, y a George Harrison con la camiseta tricolor número 5 a su lado cantándole “Here comes the sun”, mientras punteaba su guitarra. Detrás de los zagueros locales, una joven pelirroja, con un vestido de seda blanco, recorría el área de un lado al otro, descalza, como bailando.
Cuando agarró la pelota hizo todo: enganches, caños, tacos, rabonas. A los 73 apiló a cuatro mientras iba canturreando “I’m so tired of being lonely…”. La de gajos era una esfera luminosa y la llevó hasta el arco mismo, donde se la entregó a la joven que lo esperaba con una sonrisa y los hombros descubiertos. Cinco minutos después reventó el travesaño, envuelto en un torbellino de arenas dulces que le cosquilleaban el paladar, al tiempo que Lennon cantaba a dúo con él a la dulce muchacha de sutiles pecas, que se balanceaba tomada del poste izquierdo del arco de Milano:
“I know you understand
the little child inside the man.”
A los 82 minutos, Tony montó en un rinoceronte celeste y atropelló a todo lo que se le cruzó, con dos caños y una bicicleta incluidos, hasta encontrarse con la pelirroja que estaba a espaldas del portero de Ciclista, acostada sobre el césped, arrancando briznas tiernas. Dos a dos. Después casi la metió olímpico. Las cajas con ravioles de ricota que arrojaban los escarabajos gigantes desviaron la pelota. A dos minutos del final esquivó patadas, pantallas de televisión con colmillos, puñetazos, pantanos con ruido a lavarropas centrifugando y olor a sandía. Protegió la esfera luminosa y la entregó con una caricia a la pelirroja, que se bañaba dentro del arco, bajo una cascada de twist ‘n shout, rodeada de calefones carnívoros.
Al sonar el silbatazo final, una decena de zanahorias de gelatina violetas se abalanzó sobre él para abrazarlo. El árbitro, Pedro Demetrio, le tendió la mano para felicitarlo y Tony le tiró un caño de ida, y al soltársela le hizo el caño de vuelta y encaró hacia el arco, con la esfera brillante atada al botín derecho. Allí lo esperaba la pelirroja, con la boca entreabierta y la mirada intensa clavada en sus ojos. Nico lo frenó y lo llevó directamente al vestuario para recoger la ropa y, sin ducha mediante, salir raudamente hacia su casa. Después del tiro en el travesaño había recordado el asunto de las pastillas. No quiso encender el teléfono, en el que catorce llamadas testimoniaban la desesperación de doña Estela. Subieron al Renault blanco y aceleró. Tony se revolvía en el asiento, pero miraba por la ventana con una sonrisa. Encendió la radio para saber cómo iban Estudiantes y Talleres. En lugar de la voz del relator, surgió la de Paul que decía: “I can’t wait another day…”.
-Dejá esto, no cambies.
Siguieron unas cuadras en silencio.
-¿La pasaste bien?
-Seee…Es hermosa. Hacía como quince años que no la veía. Está igual…¿Cómo salimos?
-Ganamos, Tony, ganamos…
Doña Estela abrió la puerta con el frasco de pastillas en la mano. Nico evitó mirarla y le dijo, caminando hacia el auto, que le agradecía mucho, que la habían pasado bárbaro y que Tony estaba entero. Arrancó el Renault blanco y se alejó lentamente y pensativo. Reflexionó sobre los distintos géneros de locuras que se adueñan de nuestras vidas, algunas estudiadas por los psiquiatras y otras aplaudidas por la opinión pública. Recordó las locuras llamadas pasión y arte que se apropiaron de su amigo Leandro. El flaco dejó su banda musical, con la que ya había firmado un contrato en Capital, para seguir hasta Paris a su novia, la nunca famosa ni exitosa escultora, que un día le dijo “no te quiero más” y se fue con un violinista de una orquesta londinense, para dejarlo varado en la ciudad luz. O la locura llamada sacrificio, de su primo el arquero que pasó diez años solo trabajando en el calor de Medio Oriente para juntar dinero y no preocuparse por el futuro. Cuando regresó para cumplir su sueño de vivir en la bucólica chacra familiar camino a Cohieyolán, donde pasaba los veranos de su infancia, se mató con el auto a pocos kilómetros de González. O su propia locura, titulada profesión, que le impuso no seguir a Marcela hasta Córdoba para poder recibirse de ingeniero y así entrar en la gran empresa, como deseaba. Después de unos años lo echaron por negarse a firmar más informes que falseaban la realidad. Ahora atiende la ferretería de su padre y se distrae con el fútbol. Marcela vive en Calamuchita y tiene dos chicos. Demasiados sustantivos abstractos que pretendemos convertir en concretos. Abrumado por esos y otros recuerdos, estacionó el auto y, echado sobre el volante, lloró amargamente.
¿Dónde están las pelirrojas angelicales y huidizas que dejamos de perseguir? ¿Qué ominosas pastillas nos retienen sentados en el umbral?
Un Renault blanco acaba de detenerse frente a tu casa. Alguien va a golpear a tu puerta.
Empate a la pomarola
Deportivo Aragón 1 vs 1 Deportivo Malvinas
El sábado supe que me tocaba cubrir al día siguiente el duelo entre Deportivo Aragón y Deportivo Malvinas. Celebro cada oportunidad de visitar el Ramiro I donde el Aragón ejerce la localía. Es de fama el chorizo a la pomarola del puesto de doña Marta, una cuadra antes del estadio. Conviene llegar temprano los días de partido.
Celular, documento, credencial, llaves, algo de dinero, anteojos (porque a esta edad el palco de periodistas me queda demasiado lejos del campo de juego…), libreta de notas, lapicera. Para la cancha, con tiempo del famoso chori a la pomarola y el vaso de vino para después instalarme tranquilo.
Estaba especialmente sabroso.
Una vez en el palco, pude ver como el estadio se iba completando. Finalmente la efervescencia popular que preanuncia la salida a la arena de los bandos en pugna. Ambos equipos en el campo. Ambos ejércitos dispuestos a la lid.
Un encuentro enredado, confuso, auténtica barahúnda. Pude ver a los hombres de Pedro I persiguiendo al moro invasor. No se me escapó la heroíca gesta del Gaucho Rivero. La toma de Zaragoza fue parte de la agitada tarde. El Operativo Cóndor que logró izar la bandera Patria en las Islas se dibujó nítido ante mi asombro. Vi la peste negra asolando tierras aragonesas. Me estremecí con el frío y la muerte de jóvenes héroes en el sur del sur a manos del intruso llegado de tan lejos.
Más tarde supe que me fui antes de tiempo del teatro de operaciones. Deportivo Aragón y Deportivo Malvinas igualaron uno a uno. El visitante abrió el marcador por medio de Uskovich y lo empató Castro a poco del final. Esto me lo pasó un colega de otro medio. Las notas que pude tomar son más bien confusas. Pero el recuerdo es nítido.
La próxima vez que vaya por el estadio de Los Gallegos le voy a preguntar a doña Marta que le pone a la salsita. Me quedó la sensación de que el asunto vino por ahí…
Diego Joy
No te vayas Giuseppe
Ciclone 19 0 vs 1 Fuxia
-“Señores, a partir de ahora jugamos cinco minutos más”, gritó el árbitro Cenobio con su mano derecha abierta al cielo. En el banco local seguían creyendo… en el visitante puteaban y se agarraban la cabeza.
-Adónde vas Giuseppe...?
-Voy a abrir el club, y de paso voy preparando las cosas para cuando lleguen los muchachos…además, cómo jugaron hoy pueden estar tres meses más sin meter un gol… hoy había que ganar Adriano, pero no se nos cayó una idea.
Un renegado Giuseppe de 63 años, pieza fundamental de la única vuelta olímpica del club en aquel 1985, pegó media vuelta, mitad caliente y mitad resignado, y enfiló hacia la salida del estadio, que está a escasos metros de la cabecera local. Además se cagaba, y geográficamente le quedaba casi tan cerca el baño del club como el de la cancha. Razón para creer en el 0-0 para sus adentros no le faltaba. Su amado Ciclone 19 y Fuxia (que llegaba como uno de los peores de la tabla) habían jugado un partido horrible. En el cierre del primer tiempo hubo una situación digna de un récord Guinness: una avalancha de público por un centro atrás que no pasó ni a tres metros de otro jugador del local. Fue la única excusa que encontraron los hinchas para aligerar un sistema nervioso adormecido. Ningún tiro al arco, ninguna buena jugada, ningún nada.
Pero qué es lo que pasó. ¿Confianza excesiva acaso en el Ciclone? A juzgar por la tabla de posiciones habiéndose diputado 5 fechas, el cruce con Fuxia debía ser un mero trámite. Algo así de simple como tomar un mate o desenvolver un caramelo. Una cuestión de sentarse y entrarle al chori con la coca y mirar “los goles de Moreno que ya van a venir”… y que los de enfrente preparen la canasta.
Pero no. La de esta tarde es otra historia. De esas bien futboleras, que escapan a toda lógica, como no podría pasar en otro deporte. De repente, las cosas no salen, Fuxia sabe cómo romper el circuito de juego de los Tanos, y éstos a su vez caen una y otra vez en el tejido armado por los del Barrio. Al fin y al cabo, las dos líneas de cuatro de Gustavo Ornelli están armadas para eso. Para destruir y marcar, y volver a destruir… el DT cree en eso, se aferra a su esquema y si viene un gol a favor, bien gracias, mejor todavía.
“Nunca iría a ver al Atlético Madrid, deja un mensaje nefasto para todo el fútbol”, dijo Ángel Cappa días atrás en alusión al juego del equipo del Cholo Simeone. Pues bien, si Cappa viera por momentos el juego de Fuxia qué diría. Pero Ornelli se pasa por los huevos el lirismo y la opinión de los paladares negros.
El 0-0 ya era un negocio redondo para Fuxia y por eso cayeron tan mal esos cinco minutos adicionados. Pero lo mejor estaba por venir. Un córner a los 48 minutos 30'' del ST fue un poco de agua en el desierto para Fuxia. Sólo dos jugadores tuvieron la osadía de invadir el área de Ciclone, Ibauza y Rizzi, que casi más ingresaron a la misma con la cabeza gacha, sabiendo que las posibilidades de ganar esa pelota aérea eran mínimas. Pero no contaban con el rebote y la astucia de Cristaldo, un veterano de 29 años y un puñadito de goles en Primera, quien faltando un cuarto de hora reemplazó a Rosignoli y en este instante tuvo su momento de luz. Tomó el rechazo ineficiente del zaguero Ortiz con un zurdazo desde la medialuna que se fue a colar al ángulo superior derecho del golero, cuando a esta altura de los acontecimientos, Giuseppe buscaba alivio en el baño de la sede del club, mientras puteaba solo como un loco escuchando por radio el relato del Viejo de la Boina, ese tipejo interminable que acompaña al Ciclone con sus narraciones desde la cabina-andamio hace unos 40 años.
Cuando Cristaldo vio que la globa embarazaba la red de Baroletti, quedó ciego de alegría, se levantó la camiseta para mostrar debajo una remera con la foto de su mamá (hay que tener la confianza por las nubes para pensar en goles con dedicatoria cuando sos suplente y tenés pocos minutos de acción) y salió alocado a colgarse del alambrado.
En el otro extremo de la cancha, Adriano pensó enseguida en Giuseppe. Fue en ese preciso momento cuando recordó que en un clásico ante Gral. González de dos o tres años atrás había pasado algo similar. El equipo ganaba 1-0 y faltando tres, más el descuento, Guiseppe se había ido al club para empezar a acomodar no sé qué mierda. Momento en el cual los de González empataron el clásico con la chilena inolvidable de Stornelli. Al final, era un recuerdo funesto el de Giuseppe yéndose antes.
Con el pitazo final de Cenobio, la locura se apoderó de los parciales visitantes y de sus jugadores. “Vamos Barrio vamos, ustedes pongan huevos que ganamos…” cantaban al unísono. Sí, la despedida del San Cristóbal era con plena algarabía y con un pequeño homenaje a Sergio Denis con la melodía del “Te quiero tanto”.
Del otro lado, las horas post partido transcurrieron en el club, metegol va, truco y mus viene. Los Tanos sentían el gusto amargo de la derrota, la imposibilidad de seguir siendo punteros y otra piedra que se cruzaba en la persecución de ese sueño que no se da desde 1985… pero la picadita y el trago en la sede no se posterga por nada.
Se hicieron las 2 de la mañana y se habían ido casi todos, sólo quedaban Giuseppe, Adriano casi mamado y el perro del club.
-Giuseppe, -expresó imperativo Adriano, mientras agitaba el culito de tinto que le quedaba en el vaso y eructaba fuerte-, sabés una cosa… yo no creo mucho en estas boludeces, pero por las dudas, no te vayas más de la cancha cinco minutos antes forro, quedate hasta el final…
Agustín Betancor
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